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INVERTIR EN ARTE
por A. de Lorenzo

El negocio del arte goza de una salud excelente en España, pese a que los protagonistas de este mercado prefieren no pregonar su dulce momento, quizá para que ninguna opinión rompa la racha o, quizá, para desmarcarse de los que piensan que el nacimiento del euro fue una excelente oportunidad para blanquear presuntos dineros sucios.

El arte, valor refugio en épocas adversas, goza de rentabilidades medias que para sí quisieran los mercados bursátiles actuales. Según estimaciones recabadas en la última edición de la Feria Internacional de Arte Contemporáneo de Madrid (Arco), el valor de una obra aumenta cada año cerca del 10% de media, un porcentaje comparable con el que genera el mundo de la filatelia y numismática. Eso sí, muchos de los grandes jugadores de este negocio coinciden que nadie debería invertir en arte con la única intención de enriquecerse en poco tiempo, o especular de la noche a la mañana, ya que ésos acabarán profundamente decepcionados.

Desde siempre, los ciclos económicos bajistas han resultado benévolos para los inversores de arte. Históricamente se puede comprobar que la apatía de los mercados financieros ha favorecido otras inversiones alternativas, con bienes tangibles, en los que sus propietarios pueden confiar abierta y generosamente. Además, los expertos consideran el arte como un valor de permanencia, por lo que está ajeno a los constantes vaivenes económicos. Es decir, un Picasso siempre es un Picasso y su cotización siempre estará en alza. Ahora bien, en Picassos sólo invierte una élite muy reducida. La mayor parte de los inversores en arte busca valores consagrados, que proporcionen seguridad a la apuesta, al tiempo que indagan a los jóvenes valores, con precios asequibles y con alto potencial de crecimiento o revaloración.

Los que deciden iniciarse en la compra de una obra de arte con interés inversor suelen buscar sus piezas en galerías. Al contrario de lo que ocurre con otras inversiones, donde existen organismos reguladores y entidades de defensa del inversor muy poderosos, el arte es objeto de numerosas falsificaciones. Muchos pretenden dar gato por liebre, por lo que cualquier
tipo de precaución para prevenir el fraude forma parte esencial del éxito en este negocio.
La formación del inversor en arte es muy importante, pero nunca tanto como dejarse orientar por los expertos acreditados del mercado.

Confiar en el arte como fuente de riqueza requiere cierta dosis de riesgo por parte de
los inversores, como también de creatividad y buen olfato comercial. De hecho, muchos grandes coleccionistas han terminado vendiendo las primeras obras, ya que cambiaron o evolucionaron de gusto con el transcurso de los años.

El coleccionismo como estrategia de inversión aporta satisfacciones imposibles para otros activos financieros, como el goce o disfrute estético de paladear las obras de arte colgadas de las paredes de su casa. Otra característica de este tipo de inversión es que el mercado finalmente premia a los que nadan contracorriente, como ha ocurrido históricamente a los pintores más celebrados de nuestros días. En esos casos, llega un día en que la corriente se vuelve a favor y, entonces, el riesgo encuentra la recompensa de una situación en la que todos quieren adquirir piezas que nadie quería años atrás. Como ocurre con otras inversiones, lo importante para un coleccionista de arte no es adquirir lo que está de moda, sino tener el suficiente olfato artístico y comercial para adelantarse a los acontecimientos y beneficiarse de ellos.

Consejos para los inversores de arte:

  1. Desconfíe de los asesores culturales generalistas.
  2. Elija un buen gestor profesional, cuya ética no ofrezca sombras de duda.
  3. Deposite su confianza en el profesional y déjese aconsejar por aquel que responda a su perfil artístico y financiero.
  4. Equilibre el volumen de la inversión a su capacidad de ahorro.
  5. Diversifique en firmas y corrientes artísticas de acuerdo con su perfil de riesgo.
  6. Especialícese en una tendencia cultural, una galería especializada o una casa de subastas.
  7. Recele de las tasaciones que no guarden rigor documental.






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Galería IVLIA de Pintura.